El doctor Nicolás Grijalva y Ortiz encuentra en la simplicidad y la observación de los fenómenos naturales una oportunidad para generar ideas que den respuesta a algunos problemas, uno de ellos, la contaminación.

Con una trayectoria destacada como académico y científico ha desarrollado un prototipo capaz de romper la capa de inversión que permite la dispersión de partículas tóxicas generadas por contaminación, un mecanismo sencillo que remite a la Física de los huracanes y remolinos.

        En gran medida, esta propuesta se vincula con la propia formación del doctor Grijalva, quien es ingeniero civil y también físico. Con ánimo afable asegura que su interés por la ciencia tiene origen en ideas “quijotescas” de hacer cosas por el bien de su país.

        Grijalva y Ortiz recuerda que a los 21 años, como alumno del Instituto de Geofísica de la UNAM, realizó su primer trabajo de investigación sobre los efectos sísmicos en una estructura. Fue entonces cuando presentó su primera conferencia a la que invitó a su padre, un ingeniero civil que lo inclinó de forma decisiva en el gusto por la ciencia.

         “Dicté mi conferencia y todo salió bien. Al final nos quedamos mi papá y yo, entonces le pregunté qué le había parecido. Él me respondió que no me había entendido nada y añadió: ‘Tienes que saber que las matemáticas se dividen en tres: las útiles, las inútiles y las perjudiciales, y tú ya estás en las perjudiciales’. Desde entonces creo que los proyectos de investigación deben tener utilidad”, recuerda el investigador.