Las Carnitas de Totimehuacán: el sabor que nos une

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Por: Nora Escamilla

Hay lugares en Puebla que no necesitan campaña publicitaria. Que no necesitan influencer ni estrategia de redes. Que convocan solos, de generación en generación, porque llevan décadas ganándose un lugar en la memoria colectiva de esta ciudad.

San Francisco Totimehuacán es uno de esos lugares. Y la Feria de las Carnitas es uno de esos momentos.

Cada año, esta junta auxiliar al sur de la capital se convierte en punto de encuentro de miles de poblanos que llegan por el mismo motivo: comer bien, estar en familia, reconocer en un plato de carnitas algo que va mucho más allá de la comida. Van por el sabor, sí. Pero también van por algo que cada vez cuesta más trabajo encontrar en la vida cotidiana de una ciudad grande: el sentido de comunidad.

Eso es lo que tiene San Francisco Totimehuacán. Una identidad propia, construida durante décadas por sus habitantes, por sus cocineras, por sus familias que aprendieron el oficio de sus madres y sus abuelas y que hoy lo ejercen con el mismo orgullo con el que se hereda un apellido. La Feria de las Carnitas no es un evento que organizó alguien desde afuera. Es una expresión auténtica de lo que esa comunidad es y de lo que quiere compartir con el resto de Puebla.

Y ahí está la palabra clave: compartir.

Ser turista local es un acto de compromiso y amor por nuestra tierra. Cuando decidimos conocer nuestra propia ciudad, cuando elegimos gastar en una feria de una junta auxiliar en lugar de en una cadena, cuando nos subimos al coche o al transporte para ir a descubrir lo que tenemos cerca, estamos haciendo algo que importa: estamos eligiendo a los nuestros. Estamos fortaleciendo economías locales, reconociendo oficios que merecen reconocimiento y diciéndoles a las comunidades que producen que lo que hacen vale, que tiene público, que tiene futuro.

Puebla es una ciudad extraordinaria. Pero muchas veces la miramos solo por donde nos es familiar. Y mientras tanto, hay juntas auxiliares, inspectorías y comunidades que guardan tradiciones, sabores y oficios que no tienen nada que envidiarle a ninguna atracción turística formal. Solo les falta que las conozcamos. Solo les falta que lleguemos.

La Feria de las Carnitas en Totimehuacán es una invitación a hacer exactamente eso.

Y cuando llegamos, encontramos también el resultado de algo que se está construyendo con genuino amor por esta tierra. El gobernador Alejandro Armenta y el presidente municipal Pepe Chedraui han demostrado, cada uno desde su trinchera, que las comunidades como Totimehuacán no son periferia — son parte central del proyecto de ciudad y de estado que están construyendo. Las obras comunitarias, la atención a las juntas auxiliares, la inversión en los espacios donde la gente vive su vida cotidiana: todo eso habla de gobiernos que entienden que Puebla no es solo su centro histórico sino la suma de todas sus comunidades.

Eso se nota. Y la gente lo sabe.

Pero más allá de los gobiernos, lo que esta feria me recuerda cada año es algo más profundo: que la única manera en que una comunidad sale adelante es junta. Que los proyectos que duran, que los oficios que se preservan, que las tradiciones que sobreviven al tiempo no lo hacen por decreto ni por presupuesto — lo hacen porque hay personas que decidieron cuidarlos colectivamente.

Eso es comunidad. Y la comunidad no tiene color político.

Aquí no se trata de quién gobierna qué. Se trata de que todos compartimos el mismo espacio. Que todos queremos que Puebla sea mejor, que sus comunidades prosperen, que sus tradiciones pervivan y que sus familias tengan con qué salir adelante. Cuando los gobiernos trabajan en equipo y las comunidades responden con organización y orgullo, los resultados llegan. Estoy segura de que así será. Estoy segura de que, caminando juntos, llegaremos a buen puerto.

Desde esta representación, acompañamos con genuino gusto la Feria de las Carnitas de San Francisco Totimehuacán. No como acto protocolario, sino como lo que es: una celebración de lo que Puebla tiene cuando sus comunidades se organizan, se enorgullecen de lo suyo y abren las puertas para que el resto llegue a conocerlas.

Nos vemos en Totimehuacán.