Por: Gerardo Pérez García
Recordar es vivir.
Es evocar el pasado.
Y ver qué aconteció en esos ayeres.
Impensable tratar que la historia retroceda.
Para nada.
Es alternar un ayer que fue llevando, poco a poco, al colapso político al otrora partidazo del Revolucionario Institucional, que gobernó a México durante más de 70 años.
La época del “dedo divino” o la del “gran elector” se fue desgastando, minando y ahogando al PRI.
La era de los políticos se fue eclipsando para dar paso a los tecnócratas.
Y ahí el glaciar empezó a derretirse.
Tan es así, que gran parte de la clase política actual inició y consolidó sus carreras en el tricolor.
Pero cuando alzaban la mano para ser nominado candidato al Gobierno de su Estado… la puerta priista se cerraba, lo que llevó a que migraran a otro partido.
A cambiar de casa.
Así, poco a poco la mazorca comenzó a desgranarse.
Hoy el PRI es un partido que camina por inercia y cuya militancia ha ido desapareciendo a través de los años.
De gobernar México, las 32 entidades federativas, mayoría absoluta en el Senado de la República y Cámara de Diputados, pasó a tener únicamente dos gubernaturas –Coahuila y Durango– y una mínima representación en el Poder Legislativo.
LOS PIONEROS QUE ROMPIERON CON EL PRI
Este fenómeno parte de dos etapas: Los pioneros que rompieron con el PRI en los 90 y 2000 para sumarse –principalmente– al PRD, en menor proporción al PAN, y la reciente masiva migración hacia Morena.
El ejemplo más claro de ello está en Andrés Manuel López Obrador, que de ser dirigente estatal del Revolucionario Institucional en su natal Tabasco pasó al Partido de la Revolución Democrática; además de negarle candidatura al gobierno, lo que llevó a que el perredismo le abriera la puerta.
“Puerta de Alcalá” que le sirvió para dos candidaturas perredistas a la Presidencia, y en 2014 crear su organización Morena, en 2018 arribar a Palacio Nacional y en 2024 entregarle la Banda Presidencial a Claudia Sheinbaum Pardo.
Antes, Ricardo Monreal Ávila, con 13 años de militancia en el PRI, decidió renunciar al negarle candidatura a la gubernatura de Zacatecas y con el PRD llega al Palacio de Gobierno –1988 a 2004– Actualmente es el coordinador de la bancada de Morena en la Cámara de Diputados.
Le siguió Alfonso Sánchez Anaya –falleció el pasado fin de semana-, con 40 años de tricolor, le cierran el paso al Gobierno de Tlaxcala, por lo que el PRD lo abandera y gana la gubernatura –1999 a 2005–
Situación similar la de Leonel Cota Montaño, 13 años en el PRI, le niegan candidatura y con PRD llega al Palacio de Gobierno de Baja California Sur –1999 a 2005–
Y la de Pablo Salazar Mendiguchía, 21 años en las filas del tricolor, le dan portazo a su aspiración al gobierno y con PRD triunfa en Chiapas –2000 a 2006–
También está el caso de Rafael Moreno Valle, 15 años de priista, le niegan candidatura al Senado y el Partido Acción Nacional lo postula en 2006, “derrotando” a su tutor Melquíades Morales Flores, para después arribar a Casa Puebla –2011 a 2017– con el traje albiazul.
Y Pedro Joaquín González, 14 años en el PRI, decide dejar a su partido al negarle postulación al gobierno y el PRD lo postula y obtiene la gubernatura de Quintana Roo, –2016 a 2022–
Con antelación su hermano Pedro Joaquín Coldwell gobernó la entidad durante el sexenio 1981 a 1987 con el traje del PRI.
José Rosas Aispuru, presidente estatal del PRI y alcalde de Durango, lo acoge la alianza PRD-PAN y gana la gubernatura en 2016.
Y Arturo Núñez Jiménez en 1999 renuncia al PRI tras denunciar la imposición del candidato y bajo las siglas del PRD-PT gana la gubernatura de Tabasco.
LA OLA DE MORENA
De la camada de ocho priistas conversos al perredismo, de los 90 al 2000, la clase política fue dando paso al oleaje de Morena para instalarse en las gubernaturas de Hidalgo con Julio Menchaca, Tamaulipas con Américo Villarreal, Campeche con Layda Sansores.
Además, Sonora con Alfonso Durazo, Tlaxcala con Lorena Cuéllar, Puebla con Alejandro Armenta.
Acotándose:
La mayoría de renuncias al Revolucionario Institucional no se dieron por diferencias ideológicas profundas, sino por rupturas estructurales en el momento que las cúpulas del PRI decidieron entregar las candidaturas a facciones rivales dentro del propio partido.
Y en menor grado sí fueron por cuestiones ideológicas partidistas como de intereses personales para allegarse de la candidatura guinda a los respectivos gobiernos.
Así, la época del PRI en los estados fue absorbida por el extinto PRD y PAN, para posteriormente dar paso al encumbramiento del Movimiento de Regeneración Nacional.
Lo que lleva a la interrogante: ¿cuántos años permanecerá Morena con el poder presidencial?
Al corte de hoy lleva ocho años.
Al tiempo.