Sismos en Venezuela reactivan alerta regional: especialista UPAEP llama a fortalecer la prevención y la ingeniería de riesgos

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Los desastres sísmicos no son inevitables: pueden reducirse con ciencia, infraestructura segura y políticas públicas efectivas

Ante la reciente actividad sísmica registrada a nivel mundial y los daños provocados por los terremotos en Venezuela, el profesor-investigador de la Eduardo Ismael Hernández de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, señaló que los sismos son fenómenos naturales inevitables, pero los desastres pueden prevenirse o mitigarse mediante una adecuada gestión integral de riesgos.

El especialista explicó que un desastre no depende únicamente del fenómeno natural, sino de la combinación entre amenaza, vulnerabilidad y capacidad de respuesta de la sociedad, lo que determina la magnitud de los daños.

Recordó que el pasado 24 de junio se registraron dos terremotos en Venezuela de magnitudes 7.2 y 7.5, además de otros eventos sísmicos recientes en países como Grecia, Argentina, Chile, México, Estados Unidos y Japón, lo que confirma que la actividad sísmica es parte del comportamiento natural del planeta, especialmente en zonas de contacto entre placas tectónicas.

En el caso de Venezuela, explicó que el país se ubica en el límite entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana, una región altamente sísmica donde el movimiento lateral genera acumulación y liberación de energía.

Detalló que el sismo principal ocurrió a una profundidad aproximada de 10 kilómetros, lo que incrementó la intensidad del movimiento del suelo y provocó severos daños estructurales. De acuerdo con estimaciones del Servicio Geológico de Estados Unidos, la aceleración del terreno alcanzó niveles cercanos al 50% de la gravedad, una intensidad significativamente mayor a la registrada en Puebla durante el sismo del 19 de septiembre de 2017.

El investigador destacó que la Ingeniería de Riesgos en Construcciones permite estimar de forma probabilística la amenaza sísmica y evaluar el comportamiento de edificaciones, lo que facilita el diseño de infraestructura más segura y resiliente, aun cuando los sismos no pueden predecirse con precisión.

Asimismo, advirtió que en Venezuela la limitada inversión en monitoreo sísmico e investigación científica reduce la capacidad de análisis y respuesta, debido a la escasez de estaciones de registro.

Señaló también que muchas edificaciones afectadas probablemente fueron sometidas a cargas superiores a las previstas en su diseño estructural, lo que explicaría el alto número de colapsos en construcciones de distintos niveles.

El académico subrayó que el verdadero reto no es reaccionar ante una emergencia, sino prevenir los desastres mediante investigación, actualización de reglamentos de construcción, supervisión técnica y formación especializada.

En el caso de México, advirtió que existe un contexto tectónico compartido debido a la interacción de placas como la de Cocos, Caribe y Norteamérica, por lo que llamó a fortalecer la investigación científica, ampliar redes de monitoreo sísmico y desarrollar tecnología nacional para la evaluación estructural.

También alertó sobre el fenómeno de la autoconstrucción, ampliamente extendido en el país, el cual incrementa la vulnerabilidad de viviendas ante sismos intensos, al no contar con asesoría técnica profesional.

Finalmente, destacó la responsabilidad ética de ingenieros, arquitectos y autoridades para garantizar construcciones seguras, así como la necesidad de fortalecer las políticas públicas de prevención, actualizar los atlas de riesgo y combatir la corrupción en el sector de la construcción.

El especialista concluyó que la ingeniería civil tiene una vocación social fundamental, al contribuir directamente a la protección de vidas humanas mediante infraestructura segura, y reiteró que la mejor estrategia ante los desastres es la prevención basada en ciencia, planeación e inversión sostenida en gestión de riesgos.